Los poemas de
Mario Vásquez Posada
MARIO VÁSQUEZ POSADA
en el recuerdo

Mario Vásquez Posada, un poeta grande de Caldas, ha muerto el 11 de mayo pasado. En esta página habíamos compartido con sus amigos y los amigos de la buena poesía algunas de sus creaciones no incluídas en el único libro que publicó, "A LAS SEIS A.M. COMIENZA LA NOCHE". Hoy agregamos un poema tomado de esta obra, que marcó un hito en la poesía rebelde de la década del 60. Vásquez Posada nació en Anserma, cursó Derecho en la Universidad de Caldas, hizo estudios de postgrado en París y Roma, y posteriormente trabajó en Bogotá. Su muerte ocurrió en Medellín donde estaba residenciado.
P A N
Pan es el gozo de mirar al hijo dibujando sonrisas en la casa.
Pan es la lana que calienta el lecho después de la fatiga proletaria.
Pan es la voz prendida a nuestras bocas, cuando las bocas hablan de esperanza.
Pan es el beso firme de unos labios que son firmes también en las palabras.
Pan es mirar al cielo cada día y horadarlo con ojos de confianza.
Pan es el hilo de las lanzaderas y el algodón que nubla la mañana.
Pan es la flor que aroma nuestra puerta y es pan la voz que tras la puerta canta.
Si por los rostros infantiles corre la sal que en vez de sazonar amarga;
si al cansancio que ciñe nuestros lomos se enrosca, triste, la vigilia helada;
si en la voz conque hablamos a los hombres no hay banderas ni flor sino una baba;
si la aterida boca que nos besa nos habla luego de hambre y de venganza;
si al levantar los ojos comprendemos que nada tienen nuestros ojos de ala;
si al reventar la rama algodonera, entendemos herida la mañana;
si en la raíz floral de nuestra puerta la sed está clavando dentelladas;
si la voz que en la casa nos espera de hablar de angustia se tornó delgada;
entendamos hermanos, compañeros, esta inmensa verdad desarrapada:
Está lejos el pan de nuestras eras; es amargo su nombre en las palabras,
y es necesario que los surcos broten una cosecha comprensible y vasta:
No la espiga inclinada hacia la siega sino la ciega espada de mañana,
que tenga filos de justicia viva y corte todo el trigo que nos falta.
QUÉ HACER ?
No cabe en mí la culpa por hallarte
ni en tí la culpa de que yo te hallara.
Si mi senda me trajo a tu baluarte
fué porque estaba escrito que te amara.
No hubiera yo podido contemplarte
sin que mi corazón se enamorara,
y te amé sin siquiera preguntarte
por lo que nos acerca o nos separa.
Qué podría yo hacer en esta hora
para no amarte, mi gentil señora,
si tengo toda el alma floreciendo?
Como sé que no haré ninguna cosa,
pasa tú, si lo quieres, cautelosa,
sin escuchar lo que te estoy diciendo.
 |