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RECITAL DE
Jairo Maya Betancourt

AMOR…!
Amor, cómo me duele tu ceguera!
Cómo me duele! Inmenso y lacerado
está mi corazón, Amor!... clavado
por tu insistencia loca y marinera.
Ay, Amor, fue tu flecha tan certera,
que muero. Ay! La llaga en mi costado
cómo me duele. Qué crucificado
estoy en esta pena verdadera!
Ella, Amor, ella... júbilo y aroma;
fragilidad de tímida paloma
Ella, Amor, forma intensa de mi herida!
Amor, cómo me dueles...! Y qué vano
mi pleno corazón entre tu mano
como una flor al viento estremecida!...
Cartas al Director
ANTOLOGÍA DE PENSADORES (5)
ELOGIO DE LA DIFICULTAD

ESTANISLAO ZULETA
La pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiestan de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos, islas afortunadas, países de Cucaña. Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y por lo tanto también sin carencias y sin deseo: Un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición. Metas afortunadamente inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes.
Todas esas fantasías serían inocentes e inocuas, sino fuera porque constituyen el modelo de nuestros propósitos y de nuestros anhelos en la vida práctica.
Aquí mismo, en los proyectos de la existencia cotidiana, más acá del reino de las mentiras eternas, introducimos también el ideal tonto de la seguridad garantizada, de las reconciliaciones totales, de las soluciones definitivas. Pude decirse que nuestro problema no consiste solamente ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos; que nuestra desgracia no está tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la forma misma de desear. Deseamos mal. En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor y por lo tanto, en última instancia un retorno al huevo. En lugar de desear una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de la satisfacción, una monstruosa sala-cuna de abundancia pasivamente recibida. En lugar de desear una filosofía llena de incógnitas, y preguntas abiertas, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente si han existido.
Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito original de habernos liberado del paraíso, nuestro pecado es que anhelemos regresar a él.

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