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Hojas de Otoño

RECITAL DE
GERMÁN ZULUAGA URIBE
En otoño los árboles sus hojas
dejan caer al suelo agradecidos,
y parecen los campos florecidos
con alfombras cafés, verdes y rojas.
Alma mía: después de las congojas
y de los sufrimientos padecidos,
pero también después de los vividos
disfrutes, de estos versos te despojas.
Las hojas se nutrieron de los suelos
y a los suelos regresan compasivas
para pagar con ellas sus desvelos.
Hoy mis canciones como siemprevivas
entrego, y que compartan mis anhelos,
almas, como la mía, sensitivas.
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ANTOLOGÍA DE PENSADORES (5)
ELOGIO DE LA DIFICULTAD

ESTANISLAO ZULETA
La pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiestan de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos, islas afortunadas, países de Cucaña. Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y por lo tanto también sin carencias y sin deseo: Un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición. Metas afortunadamente inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes.
Todas esas fantasías serían inocentes e inocuas, sino fuera porque constituyen el modelo de nuestros propósitos y de nuestros anhelos en la vida práctica.
Aquí mismo, en los proyectos de la existencia cotidiana, más acá del reino de las mentiras eternas, introducimos también el ideal tonto de la seguridad garantizada, de las reconciliaciones totales, de las soluciones definitivas. Pude decirse que nuestro problema no consiste solamente ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos; que nuestra desgracia no está tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la forma misma de desear. Deseamos mal. En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor y por lo tanto, en última instancia un retorno al huevo. En lugar de desear una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de la satisfacción, una monstruosa sala-cuna de abundancia pasivamente recibida. En lugar de desear una filosofía llena de incógnitas, y preguntas abiertas, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente si han existido.
Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito original de habernos liberado del paraíso, nuestro pecado es que anhelemos regresar a él.

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ARTICULOS RECIENTES
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LITERATURA
EL MURAL DE LA TIJERA

Elogio de las malas palabras
Eduardo Dermardirossian. Alainet.org
Hoy vengo a hacer el elogio de las malas palabras. O, cuando menos, a aligerar su carga ominosa. Vengo a levantar la bandera de la libertad de palabra más alto que Mendieta, el ilustre perro de Inodoro Pereyra, a celebrar la libertad de expresión en la más espontánea de sus formas: irrumpir desde las entrañas del hablante y dar con estrépito en el rostro del oyente. Hoy quiero cobrar venganza por la gazmoñería de mis maestros que, no contentos con amonestarme cuando apostrofaba a mis compañeros de banco, fastidiaban a mis padres con malas anotaciones en mi cuaderno. Quiero ejercer mi derecho de hablar como mejor convenga a mi ánimo, variable como el viento, espiralado unas veces hacia arriba y otras hacia abajo, y casi siempre desafiando las reglas RAE.
Pero antes de iniciar esta alabanza debo reconocer el territorio enemigo para después transgredir sus límites. El diccionario de la Real Academia Española no incluye la expresión mala palabra; sí incluye otras como palabra gruesa (dicho inconveniente u obsceno) y palabra picante (la que hiere o mortifica a la persona a quien se dice). Y enseña que las buenas palabras son las expresiones o promesas corteses dichas con intención de agradar y convencer.

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POESÍA
EL GORRIÓN,
y OTROS POEMAS
de
CAMILO OROZCO

No tiene del turpial la voz sonora,
ni el vistoso plumaje del canario,
pero alegra mi hogar desde la aurora
con su sencillo traje proletario.
En el humilde nido donde mora,
como un gamín inquieto y solitario,
sus escasas migajas atesora
con orgullo y fruición de millonario.
Hermano del de Asís, y compañero
del huerto, del ciprés y del alero,
él es símbolo fiel de mi cariño.
Y al contemplar su estampa montañera
me acuerdo de la piedra traicionera
que le arrojé, brutal, cuando era niño.

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Derecho, Bioetica, Critica, Método Lógico-Deductivo, Maximo Gris
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