PRIMERA ESCENA. En primer plano se ve a un hombre junto a otros más jóvenes en la sala de una casa. Sobre la mesa hay una báscula, bolsas de plástico y una sustancia pulverulenta en gran cantidad. Cada uno usa tapa bocas, algunos usan guantes, hay una niña de cabellos ensortijados jugando con su muñeca, extraña al mundo que la rodea.
SEGUNDA ESCENA. Alrededor de la casa habitada por estos sujetos las patrullas están listas para “dar el golpe”. Tiene francotiradores en cada esquina. Todos están dispuestos a echar abajo la puerta cuando se dé la señal. Tienen la orden de matar, si es necesario.
TERCERA ESCENA. El gobierno se comunica telefónicamente con el Comandante de la patrulla y jefe de la operación. La orden sigue siendo la misma. Hay que atacar. Debe desmantelarse a cualquier precio la banda que tiene azotada a la ciudad.
CUARTA ESCENA. Los uniformados reciben información de su infiltrado de que, al parecer, los moradores de la casa van a salir de allí. La información da cuenta de que no se trata de una huída, si no simplemente de una “vuelta” (sin más especificaciones) que los narcos saldrán a dar.
QUINTA ESCENA. La puerta cae intempestivamente. La niña, mientras tanto, ha decidido salir a bañar a su muñeca en el pozo cerca del jardín.
ÚLTIMA ESCENA. Sólo se ve una niña de cuatro años llorando y corriendo en medio del polvo que levantan los carros de guerra que pasan junto a ella. Lleva un zapato en su mano derecha, el otro lo lleva puesto. El lugar que en su mano ocupaba hace un instante su muñeca (con la que debería estar jugando), es reemplazado por la sangre que a borbotones cae al suelo.
Y aunque la escenografía montada para esta historia, no sé si de terror, podría ser envidiada por Quentin Tarantino, un mago de la sangre, o incluso por Frank Miller, con sus estereotipos de escenas violentas y desgarradoras impregnadas del color de la verdad y de la mentira pasando por todos los matices, la historia se sucede todos los días en Colombia que derrama lágrimas envueltas en sangre y donde las principales víctimas siempre son los inocentes.