Me parece importante reflexionar sobre el caso del artista Guillermo Vargas Habacuc, y no pongo el término artista entre comillas debido a que, si quiero ser consecuente con la definición que manejo de arte, me parece adecuada en el contexto.
Arte es expresión, y sólo he visto una delimitación clara de la expresión en los regímenes totalitarios. El "arte degenerado" de la Alemania nazi, la Rusia de Stalin, la Corea de Kim Jong-Il. En todos los casos, se trata de una herramienta útil para la conservación del poder, el eliminar todas las posibles fuentes de desequilibrio. Siempre he condenado dichas posturas, pero pocas veces me había encontrado con casos que me llevaran a replantear el ambiguo concepto de arte.
Amarrar a un perro y matarlo de hambre es arte.
Pero veo a Natividad muerto y me duele.
Me opongo a los veganos, cuya postura considero absurda y poco consecuente con nuestra naturaleza. La carne ha sido un elemento fundamental en la impresionante evolución de nuestro cerebro. Tenemos dientes diferenciados para comer muchas cosas, una de ellas, la carne. Un sistema digestivo diseñado para asimilar muchas cosas, una de ellas, la carne. Abrazar el veganismo es negar lo que somos. Y somos el super-depredador.
Sin embargo, detesto las peleas de perros, gallos, etc y considero a la tauromaquia como un espectáculo cobarde.
Desde mi etoecología rudimentaria, la mayor diferencia que encuentro entre el homo sapiens sapiens y otros animales, es que el primero manifiesta "lástima".
Debo ser sincero. No comparto la visión de aquellos que quieren más a otros animales que a los seres humanos; pero muchas veces he sentido más compasión por los primeros que por los segundos. Especialmente cuando han muerto a causa de los caprichos de los últimos.
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