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ANTECEDENTES Y PROYECCIONES
DE LA PSICOLOGÍA COGNITIVA

ALEJANDRO LONDOÑO VALENCIA
Psicólogo egresado de la Facultad de Psicología de la Universidad de Manizales.
Magister en Educación Docencia de la Universidad de Manizales.
Doctorando en Ciencias de la Computación con Énfasis en Cognición de la Atlantic International University
de E.E.U.U.
A través de la historia de la psicología las diferentes corrientes teóricas, que hoy llamamos
enfoques psicológicos, han trasegado por innumerables caminos en la búsqueda de un
objeto de estudio que, aún hoy, sigue siendo esquivo. La psicología cognitiva parece
encontrar una gran resistencia para ser considerada, por un sector de la comunidad
académica psicológica, como un enfoque, ya que desde sus orígenes ha construido sus
bases retomando elementos de otras disciplinas como la antropología, la filosofía, la
lingüística, la inteligencia artificial y las neurociencias (Gardner, 1.987: p. 53) sin seguir una
línea epistemológica muy definida pero con una clara afinidad hacia la fenomenología.
Las críticas no solo han radicado en la dispersión epistemológica, sino también en la
imposibilidad de definir, delimitar y formular empíricamente aquello que denominamos
mente (Skinner, 1990), posición esta que surge de los teóricos conductistas clásicos que
claramente exponen como objeto de estudio la conducta observable, medible y
cuantificable y se oponen al concepto de mente acuñando el término “caja negra” para
denominar, algo despectivamente, a los procesos cognitivos. A pesar de ello, el hecho de
retomar elementos teóricos de las disciplinas anteriormente mencionadas, parece ser hoy
más una fortaleza que una debilidad, dada la gran importancia que se le ha dado a la
interdisciplinariedad en la construcción de conocimiento y en el análisis de problemas de
alta complejidad desde una perspectiva integral, que contemplen soluciones holísticas.

ARQUETIPOS Y SINCRONICIDAD

TULIO MARULANDA MEJÍA
Médico. Profesor Titular Universidad de Caldas.
“Durante miles de años la gente ha estado intentando comprender sus relaciones con el resto del universo” y pese a los portentosos avances de la ciencia moderna y tal vez porque “por diversas razones muchos filósofos son reacios hoy en día a abordar tan grandes problemas”,(Searle, 2001, p. 17) continúa el hombre contemporáneo recurriendo a todo tipo de experiencias en procura de una mejor comprensión de aquellos enigmas que por siempre lo desvelan. La globalización del conocimiento ha puesto nuevamente al alcance de muchas personas sustancias psicoactivas (enteógenos) que, por milenios y en casi todas las culturas de la tierra, permitieron a Chamanes, pitonisas, augures, sibilas, adivinadores, sacerdotes y sacerdotisas, servir de puente o de mensajeros entre los dioses y los hombres y revelar, mediante oráculos, los insondables misterios del destino, lo que hay detrás de la vida y de la muerte.
HUELLAS EPISTEMO/BIOLÓGICAS DE LA CULTURA
Sobre el remoto origen de las competencias
TULIO MARULANDA MEJÍA
“Donde quiera que vayas por el mundo, sea cual sea el animal, planta, bicho o masa amorfa que observes, si está vivo, utilizará el mismo diccionario y conocerá el mismo código. Toda la vida es una.”
Yo he de hacer aquí malabares y quizás hasta prestidigitación, ya lo verán, para tratar de demostrar que si hoy somos competentes, para lo que sea, no es gracias a que somos humanos o por bendición de la cultura sino que precisamente hemos podido llegar a ser humanos, a desarrollar la cultura y a ser en ella competentes, gracias a los importantes legados biológicos de antepasados muy remotos que, en circunstancias ambientales muy particulares y mediante conductas adaptativas originadas como respuesta al azar y la necesidad, desarrollaron facultades que fueron fundamentales para el ulterior desarrollo de lo que hoy hemos dado en llamar humanidad.
(Y) sin embargo, la verdad es que procedemos de una larga serie de fracasos. Somos simios, un grupo que casi se extinguió hace quince millones de años compitiendo con los monos mejor diseñados. Somos primates, un grupo de mamíferos que casi se extinguió hace cuarenta y cinco millones de años compitiendo con los roedores mejor diseñados. Somos tetrápodos sináptidos, un grupo de reptiles que casi se extinguió hace más de doscientos millones de años compitiendo con los dinosaurios mejor diseñados. Descendemos de peces con patas que casi se extinguieron hace trescientos sesenta millones de años compitiendo con peces de aletas radiadas. Somos cordados, un filum que sobrevivió por los pelos a la era cámbrica hace quinientos millones de años compitiendo con los artrópodos, brillantes triunfadores.
Este trabajo fue presentado en un simposio sobre competitividad llevado a cabo en Manizales en el mes de noviembre de 2002
RIDLEY, M. Genoma. Punto de Lectura. España; 2001; p. 51

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