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PSICOLOGÍA
Los sueños y el autoconocimiento
Luis Enrique García
Profesor de Lógica, Historia de la Psicología y Sistemas Psicológicos
Universidad de Manizales
La mayoría de las pocas personas que me conocen me identifican como un abanderado del espíritu positivista, cientificista, y crítico acérrimo de todo presunto conocimiento no fundamentado en hechos o en buenas razones. Les extrañará entonces que escriba con sobrado entusiasmo sobre un tema un tanto desacreditado en la psicología actual experimental, por cuanto evoca supersticiones, profecías y animismo: el sentido de los sueños, asunto de naturaleza más hermenéutica que objetiva. Pero este mismo antecedente -el espíritu escéptico y positivo del autor- podrá otorgarle más valor a las convicciones que quiero compartir respecto a la importancia de los sueños como indicadores de la vida psíquica del durmiente, y se aventuren a conocerse a sí mismos a través de los propios sueños, pues no existe mejor intérprete que uno mismo, cuando lo hace con sinceridad y conocimiento.

ARQUETIPOS Y SINCRONICIDAD

TULIO MARULANDA MEJÍA
Médico. Profesor Titular Universidad de Caldas.
“Durante miles de años la gente ha estado intentando comprender sus relaciones con el resto del universo” y pese a los portentosos avances de la ciencia moderna y tal vez porque “por diversas razones muchos filósofos son reacios hoy en día a abordar tan grandes problemas”,(Searle, 2001, p. 17) continúa el hombre contemporáneo recurriendo a todo tipo de experiencias en procura de una mejor comprensión de aquellos enigmas que por siempre lo desvelan. La globalización del conocimiento ha puesto nuevamente al alcance de muchas personas sustancias psicoactivas (enteógenos) que, por milenios y en casi todas las culturas de la tierra, permitieron a Chamanes, pitonisas, augures, sibilas, adivinadores, sacerdotes y sacerdotisas, servir de puente o de mensajeros entre los dioses y los hombres y revelar, mediante oráculos, los insondables misterios del destino, lo que hay detrás de la vida y de la muerte.
HUELLAS EPISTEMO/BIOLÓGICAS DE LA CULTURA
Sobre el remoto origen de las competencias
TULIO MARULANDA MEJÍA
“Donde quiera que vayas por el mundo, sea cual sea el animal, planta, bicho o masa amorfa que observes, si está vivo, utilizará el mismo diccionario y conocerá el mismo código. Toda la vida es una.”
Yo he de hacer aquí malabares y quizás hasta prestidigitación, ya lo verán, para tratar de demostrar que si hoy somos competentes, para lo que sea, no es gracias a que somos humanos o por bendición de la cultura sino que precisamente hemos podido llegar a ser humanos, a desarrollar la cultura y a ser en ella competentes, gracias a los importantes legados biológicos de antepasados muy remotos que, en circunstancias ambientales muy particulares y mediante conductas adaptativas originadas como respuesta al azar y la necesidad, desarrollaron facultades que fueron fundamentales para el ulterior desarrollo de lo que hoy hemos dado en llamar humanidad.
(Y) sin embargo, la verdad es que procedemos de una larga serie de fracasos. Somos simios, un grupo que casi se extinguió hace quince millones de años compitiendo con los monos mejor diseñados. Somos primates, un grupo de mamíferos que casi se extinguió hace cuarenta y cinco millones de años compitiendo con los roedores mejor diseñados. Somos tetrápodos sináptidos, un grupo de reptiles que casi se extinguió hace más de doscientos millones de años compitiendo con los dinosaurios mejor diseñados. Descendemos de peces con patas que casi se extinguieron hace trescientos sesenta millones de años compitiendo con peces de aletas radiadas. Somos cordados, un filum que sobrevivió por los pelos a la era cámbrica hace quinientos millones de años compitiendo con los artrópodos, brillantes triunfadores.
Este trabajo fue presentado en un simposio sobre competitividad llevado a cabo en Manizales en el mes de noviembre de 2002
RIDLEY, M. Genoma. Punto de Lectura. España; 2001; p. 51

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