PEDAGOGÍA

LA PERSPECTIVA MECANICISTA Y LA EDUCACION

 

José Onílver González Franco

 

                          
                                
                               

 

Todos los seres humanos, somos seres sociales por naturaleza, es decir, estamos en continua interacción con otras personas buscando así moldear o formarnos una personalidad mejor.

Dicha personalidad está determinada o influenciada por la familia, los maestros y los amigos quienes son sus agentes de socialización y refuerzan y orientan conductas hasta tal punto que terminan convirtiéndose en modelos para ellos.

De esta manera las actitudes positivas de la familia, los maestros, los amigos, favorecen el desarrollo del individuo, lo contrario desestimula y perjudica. Dentro de todo este proceso de desarrollo y formación de la personalidad del individuo juega un papel muy importante el maestro a quien puede considerar su amigo o su contradictor según la orientación que éste le ha brindado o según el prejuicio que se haya formado del mismo.

El maestro es un comunicador de masas en forma directa e indirecta, puesto que  cada vez que orienta una clase está entablando una comunicación directa con su grupo y dependiendo de la calidad de la clase tendrá o no incidencia sobre la familia y sobre los amigos (comunicación indirecta), ya que todo lo bueno o malo es comentado con los demás.

Podemos encontrar en un aula tres clases bien diferenciadas de estudiantes, constituída la primera por los buenos receptores, quienes no solo escuchan sino que asimilan el mensaje y son capaces de proyectarlo. Los receptores pasivos. Y los receptores negativos, alumnos difíciles de satisfacer y que por lo mismo tienen la imagen de "problemáticos".

Considerar el proceso educativo como un constructo de preguntas y respuestas, como una interacción entre emisor y receptor, como un intercambio de estímulos, supone un reduccionismo simplemente mecanicista. Pero no por ello ha de descalificase como inútil el criterio mecanicista. Tiene elementos e instrumentos aprovechables en la medida en que trabaja la persuasión, como primer estadio, y puede ablandar el terreno y hacerlo propicio para el estadio siguiente, la convicción. (Por otra parte si la pedagogía formativa se dirige a inducir conductas, mientras éstas se cumplan pasa a un plano secundario la convicción y se relieva la persuasión).

En todas las épocas la interacción de los hombres se orientó más a persuadir que a convencer. Obsérvese que el líder se esfuerza por arrastrar multitudes, no por convertirlas en protagonistas de una argumentación intelectual. En cuanto mecanismo afectivo la persuasión focaliza con mayor facilidad la atención y el interés, en tanto que resulta bien dificil concentrarlos cuando se trata de razonar para convencer. Son variados los mecanismos de persuasión. Van desde las afirmaciones condicionales, en las cuales el otro se siente motivado a obrar atraído por las promesas hasta las más refinadas formas de coerción, en la cual el motor o motivo es la autoridad que genera temor. En ella está implícita la punición o capacidad de castigar tanto como la exclusión de las gratificaciones. Estas dos formas persuasivas lo son en diferente grado, pero tienen parecida eficacia como inductores de conducta, en ellas la promesa es el instrumento, y el cumplimiento de ella el reforzador de las respuestas positivas o negativas logradas en el otro.