DERECHO
SOBORNO TRANSNACIONAL EN EL DERECHO PENAL COLOMBIANO
José Fernando Ortega Cortés |

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La presente ponencia tiene como propósito principal realizar un análisis a la figura de soborno transnacional estipulada desde el derecho internacional en contra de la corrupción en las transacciones comerciales internacionales y aprobada por nuestro sistema jurídico a partir de 1997. Dentro del acontecer histórico actual, son diversos los factores que han convergido en la integración de las naciones y sus economías, derivando ello en fuertes implicaciones que rebasan la esfera económica e impactan el orden político, jurídico y social.
Es así que la problemática de la corrupción y el soborno transnacional ha cobrado especial importancia en las últimas décadas, ante lo cual diversos organismos internacionales se han visto abocados a estipular diferentes normas desde el marco jurídico, a fin de contrarrestar estos actos nocivos que se han erigido en los más grandes perjuicios que azotan las naciones modernas, y con especial sevicia las del mal llamado “tercer mundo”. Como se manifiesta desde las Naciones Unidas: Si la delincuencia atraviesa fronteras, lo mismo ha de hacer la acción de la Ley. Si el imperio de la Ley se ve socavado no sólo en un país sino en muchos, quienes lo defienden no se pueden limitar únicamente a arbitrios nacionales.
Para adentrarnos en materia, será preciso indagar, en primera instancia, las raíces históricas determinantes para que el fenómeno de corrupción sea hoy un asunto de caracteres globales, transnacionales; para luego pasar al análisis y reflexión de la corrupción, su impacto en la administración pública, en las relaciones entre Estados y en los países en vías de desarrollo; y así, finalmente, nos concentraremos en la normatividad estipulada tanto desde el ámbito internacional como en el nacional.
- La corrupción transnacional: antecedentes y consecuencias dentro de la sociedad globalizada
Nuestra sociedad actual, integrada tanto en lo económico como en lo político, es el resultado de múltiples hechos desencadenados en la historia moderna. Desde el Renacimiento, e impulsado por lo que podría denominarse el verdadero origen del mundo globalizado –el encuentro de los mundos (Viejo Mundo y América)-comienza a gestarse el advenimiento de una clase social cuya actividad gira en torno al comercio y cuyo poder principal se afianza cada vez más en el dinero.
Estamos frente al nacimiento de un nuevo orden social y económico, fundamentado en la acumulación de capital privado mediante el comercio y la empresa. Ahora la nueva estructuración social estaría basada en las clases sociales poseedoras de sus propios medios, quienes comienzan a marcar con diversas transformaciones en el plano económico y social, la transición hacia la época Moderna, estructurada ésta a partir de tres fenómenos que cobrarían lugar de manera simultánea en esta nueva sociedad: la economía capitalista, la producción industrial a escala internacional y la consolidación de los Estados democráticos.
La revolución operada en la economía generó, a su vez, un sistema de producción que tiende hacia la expansión, ayudándose para ello de los procesos de industrialización, implementación de nuevas tecnologías y concentración de los medios de producción. Todo lo cual entraña una mentalidad en donde el dinero y el poder empresarial, se consolidan como centro de la organización social.
En consecuencia, estas nuevas fuerzas que rigen y mueven al mundo, llegan a situarse incluso por encima de la política, religión, Estado e individuo. Es así que el Estado gradualmente va cediendo ante el nuevo poder que se ha consolidado, llegando aquel a situarse algunas veces incluso por encima de éste o, ya bien, a actuar solidariamente, conformando los grandes ejes económicos junto al Estado, las grandes formas hegemónicas de poder en la sociedad contemporánea.
Como bien se ha apreciado en el proceso histórico, aquel orden económico emergente con el advenimiento de la economía capitalista, ostenta una dinámica globalizadora que hace indispensable la integración de los mercados y los Estados, fenómeno que ha llevado a que se desdibujen las fronteras entre las naciones, impulsando la integración económica y, en consecuencia, política, propendiendo a la conformación de bloques, acuerdos y convenios de carácter transnacional, en una interacción donde lo nacional cede ante lo internacional y cuyo principal peligro consiste en las ventajas de las economías fuertes sobre las débiles, conllevando a abusos de poder y convirtiéndose en factor de corrupción.
El nuevo papel del Estado como agente económico, las estrechas relaciones entre el poder público y la actividad económica, se han convertido en focos de persecución de intereses particulares que van en detrimento de la transparencia en el proceder. Las cada vez más extendidas relaciones comerciales entre Estados, funcionarios, empresarios, han dado rienda suelta a la corrupción en diversos ámbitos de lo público.
El cada vez mayor peso de lo económico sobre el mismo Estado, propios de la sociedad moderna, así como el desarrollo del capitalismo industrial que ha demostrado en su camino no detenerse ante ninguna barrera política ni social, han devenido en una cultura donde predomina el dinero, la ganancia y el interés particular, que genera corrupción y va en detrimento del poder de la justicia y la eficiencia del aparato estatal, yendo en contravía de los intereses de la sociedad.
Como bien advierte Eduardo Fabián Caparrós, Profesor Titular Universidad de Salamanca, en torno a los efectos de la corrupción en la economía globalizada, aparecen diversos peligros ya que, por un lado, la corrupción se ha instaurado en el elemento idóneo de las empresas para conquistar el mercado, constituyendo el soborno una eficaz herramienta para la potestad de realización de obras de servicios públicos, suprimiendo el libre juego de oferta y demanda; y, por otra parte, la tendencia hacia la monopolización del mercado lesiona al Estado que ve cómo se reduce progresivamente su capacidad de elección.

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